INTRUSO

corazonnegro

Este corazón que late no es el mío.

No reconozco los pasillos de esta casa que se dibuja en torno a mí. Esta oscuridad no es de la que provengo. Frases revolotean sobre mi mente cargadas de palabras vacías, de bocas ajenas, de caras que no he visto nunca.

Camino entre paredes de barrotes empapelados. La lejanía que este ignoto lugar me produce se filtra a través de destello del acero que se halla en mi mano. El animal que me mira atemorizado desde la estúpida cestita con dibujos no es mi Cerbero. Los globos y las pancartas de bienvenida no son para mí.

—Bienvenido a tu nueva vida…— leo en la pancarta que aparece adornada con un rojizo corazón. Sonrío ante tamaña estupidez. Que yo sepa, nunca he dejado de ser fiel al placer del tacto de la sangre bajo mis pies descalzos.

Me palpo la extraña cicatriz del pecho. Es muy grande. Debería saber qué hace ahí pero no lo sé. Solo sé que tampoco es mía. La única certeza que no me quebranta es el tacto del cuchillo en mi mano derecha, como en los viejos tiempos. Tiempos en los que enfermedades no frenaban mi ímpetu por la sangre.

Sigo recorriendo la casa que no es mía.

Abro una puerta y veo al niño. Ese no es mi hijo. Esa criatura de pelo castaño no es mi semilla. No sería tan bella. En todo caso oscura y amorfa, no tan cándida. Nunca le he querido. Nunca jugué con él en un jardín atestado de juguetes ni me he reído de sus infantes ocurrencias. Me acerco a la cama donde el niño duerme y noto su aliento cálido y limpio.

Minutos después abro otra puerta.

La mujer es bella y su postrada figura rompe la entrada de la luz de la luna a través del ventanal. Su pecho se mece rítmicamente con una suave respiración. No es mi ángel y mucho menos mi demonio. No es mi compañera. Nunca compartí nada con ella, quizás sólo este momento de acero y sangre. No hay historia de alegría y llanto detrás. Ni emociones que me hicieran vibrar en alguna etapa de debilidad en mi vida. Nunca he dejado de ser un monstruo.

No hay besos detrás de sus labios. No hay nada. Me acerco a ella lentamente sin apartar la vista de su pecho.

Alzo el cuchillo por segunda vez en la noche.

Este corazón que late no es el mío.

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Categorías: Microrrelatos | 1 comentario

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Un pensamiento en “INTRUSO

  1. Leoncito

    Me ha gustado. El protagonista, aun en lo subjetivo de su discurso y en la interpretación que cada uno le pueda dar, logra cincelarse a medida que avanza el texto.

    A mí me sugiere un tipo que hace tiempo se resignó a ser un asesino, que perdió el corazón sin saber cómo y, lo que es peor, disfruta con su identidad.

    Felicidades.

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